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La mujer y el atletismo

El atletismo es una de las disciplinas deportivas más antiguas y universales, sin embargo, a lo largo de la historia, las mujeres han tenido que enfrentarse a numerosos obstáculos y prejuicios para poder practicar este deporte y competir en igualdad de condiciones que los hombres.

Los orígenes del atletismo se remontan a la antigua Grecia, donde se celebraban los Juegos Olímpicos cada cuatro años en honor a Zeus. Estos juegos eran exclusivos para los hombres, tanto como participantes como espectadores, y las mujeres que osaban entrar al estadio eran castigadas con la muerte.

Las mujeres solo podían competir en unos juegos aparte, llamados Heraia, en honor a Hera, la diosa de la fecundidad. Estos juegos consistían en una única prueba de carrera, y las ganadoras recibían una corona de olivo y un trozo de carne del buey sacrificado a la diosa.

Esta situación de discriminación se mantuvo durante siglos, y no fue hasta el siglo XIX cuando el movimiento sufragista y el desarrollo de la educación física impulsaron la participación femenina en el deporte.

Sin embargo, el atletismo seguía siendo considerado un deporte masculino, y las mujeres que lo practicaban eran vistas con recelo y desprecio por la sociedad. Se creía que el atletismo podía dañar la salud y la feminidad de las mujeres, y que no era apropiado para su delicadeza y fragilidad.

En 1921, la francesa Alice Milliat fundó la Federación Internacional de Deporte Femenino, que organizó unos juegos femeninos alternativos a los olímpicos, con el fin de reivindicar el derecho de las mujeres a competir en todas las disciplinas deportivas.

Gracias a su presión, el Comité Olímpico Internacional aceptó incluir el atletismo femenino en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928, aunque solo con cinco pruebas: 100 metros, 800 metros, relevo 4×100, salto de altura y lanzamiento de disco.

Sin embargo, tras esta edición, se eliminó la prueba de 800 metros, debido a que algunas atletas llegaron exhaustas a la meta, lo que fue utilizado como argumento para afirmar que las mujeres no estaban preparadas para el mediofondo. Esta prueba no se recuperó hasta los Juegos Olímpicos de Roma 1960.

A partir de entonces, el atletismo femenino fue ampliando su programa olímpico, incorporando nuevas pruebas como los 200 metros, los 400 metros, los 80 metros vallas, el salto de longitud, el lanzamiento de peso y el lanzamiento de jabalina. Sin embargo, las mujeres seguían teniendo menos pruebas que los hombres, y algunas de ellas eran diferentes, como los 80 metros vallas en lugar de los 110, o el heptatlón en lugar del decatlón.

Además, las mujeres tenían que soportar el escrutinio y la crítica de su aspecto físico, su vestimenta y su sexualidad, y eran sometidas a pruebas de verificación de sexo para evitar el fraude.

No fue hasta el siglo XXI cuando el atletismo femenino alcanzó la paridad con el masculino, al incorporar las últimas pruebas que le faltaban: el maratón, el triple salto, el lanzamiento de martillo, el salto con pértiga y los 50 kilómetros marcha.

Así, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, el atletismo contará con 24 pruebas masculinas y 24 femeninas, más una mixta de relevo 4×400.

El atletismo puede presumir de igualdad, pero no hay que olvidar el largo y duro camino que han recorrido las mujeres para conseguirla.

El atletismo femenino ha sido testigo de grandes hazañas y proezas, de récords y medallas, de nombres propios que han hecho historia y que han inspirado a generaciones de mujeres. Algunas de estas atletas son:

  • Fanny Blankers-Koen: La holandesa fue la primera gran estrella del atletismo femenino, al ganar cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, en las pruebas de 100 metros, 200 metros, 80 metros vallas y relevo 4×100. Lo hizo con 30 años y siendo madre de dos hijos, rompiendo los estereotipos de la época.
  • Wilma Rudolph: La estadounidense sufrió poliomielitis de niña, lo que le dejó secuelas en su pierna izquierda. Sin embargo, superó su discapacidad y se convirtió en una de las mejores velocistas de la historia, al ganar tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, en las pruebas de 100 metros, 200 metros y relevo 4×100. Fue apodada «la gacela negra» y fue un símbolo de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos.
  • Irena Szewińska: La polaca fue una de las atletas más versátiles y longevas, al competir en cinco ediciones de los Juegos Olímpicos, desde Tokio 1964 hasta Moscú 1980, y ganar siete medallas, tres de ellas de oro, en diferentes pruebas de velocidad y salto de longitud. Fue la primera mujer en bajar de los 50 segundos en los 400 metros, y ostentó récords mundiales en cinco distancias diferentes.
    Grete Waitz: La noruega fue una pionera del maratón femenino, al ganar nueve veces el maratón de Nueva York, entre 1978 y 1988, y una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, la primera edición en la que se incluyó esta prueba para las mujeres. Además, fue campeona del mundo de maratón en 1983 y de medio maratón en 1983 y 1986, y batió cuatro veces el récord mundial de maratón.
  • Jackie Joyner-Kersee: La estadounidense fue la mejor heptatleta de todos los tiempos, al ganar dos medallas de oro y una de bronce en los Juegos Olímpicos, y cuatro medallas de oro en los campeonatos del mundo. Su récord mundial de 7.291 puntos, logrado en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, sigue vigente. Además, fue una excelente saltadora de longitud, con una medalla de oro y dos de bronce olímpicas, y un récord mundial de 7,49 metros.
  • Wang Junxia: La china fue la reina del fondo femenino en los años 90, al batir los récords mundiales de 3.000 metros y 10.000 metros con unas marcas impresionantes: 8:06.11 y 29:31.78, respectivamente. Estos récords, logrados en 1993, aún no han sido superados. Wang también ganó una medalla de oro en los 5.000 metros y una de plata en los 10.000 metros en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
  • Yelena Isinbáyeva: La rusa fue la mejor saltadora con pértiga de la historia, al ganar dos medallas de oro y una de bronce en los Juegos Olímpicos, y siete medallas de oro en los campeonatos del mundo. Además, batió 28 veces el récord mundial, tanto al aire libre como en pista cubierta, elevando el listón hasta los 5,06 metros. Su último récord, conseguido en 2009, aún no ha sido batido.
  • Tirunesh Dibaba: La etíope es una de las mejores fondistas de la actualidad, con tres medallas de oro y una de bronce en los Juegos Olímpicos, y nueve medallas de oro en los campeonatos del mundo. Es la única mujer que ha ganado dos veces consecutivas el doblete de 5.000 y 10.000 metros en los Juegos Olímpicos, en Pekín 2008 y Londres 2012. También ha sido campeona del mundo de cross en cinco ocasiones.
  • Allyson Felix: La estadounidense es la atleta más laureada de la historia de los Juegos Olímpicos, con nueve medallas, seis de ellas de oro.

 

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